Desarrollo sostenible como forma de vida
Hablar de desarrollo sostenible no debería sonar a informe ni a discurso lejano. En realidad, tiene mucho que ver con algo muy básico: cómo nos movemos por el mundo. Cómo caminamos un sendero, cómo habitamos un lugar durante unos días, cómo consumimos, cómo miramos lo que nos rodea. Disfrutar del entorno no es tomarlo todo de él, sino aprender a estar sin invadir. Y eso, aunque no siempre se nos haya enseñado, se puede aprender. El desarrollo sostenible no consiste en renunciar, sino en elegir con más conciencia. No hacer más, sino hacer mejor. Y eso cambia completamente la experiencia.
Uno de los mayores impactos que generamos, sobre todo cuando viajamos, es la sensación de que todo está ahí para nuestro uso. El entorno no es un decorado ni un recurso infinito. Es un espacio vivo, con equilibrios propios.
Disfrutar sin dejar huella implica preguntarse cosas simples:
- ¿Este lugar puede sostener lo que estoy haciendo aquí?
- ¿Mi presencia suma o estorba?
- ¿Estoy escuchando el ritmo del sitio o imponiendo el mío?
Cuando estas preguntas están presentes, muchas decisiones se ordenan solas.
Acciones sencillas que marcan la diferencia
No hace falta hacer grandes gestos para reducir el impacto. La sostenibilidad real suele estar en lo cotidiano. Moverse por senderos marcados, no arrancar plantas, no alimentar animales, no dejar residuos (ni siquiera los “biodegradables”), consumir productos locales y de temporada, reducir envases innecesarios… Nada de esto es heroico, pero todo suma. La regla es clara: pasar por un lugar y que, al irte, nadie pueda notar que estuviste allí.
1. Elige cómo y dónde viajas
No todos los lugares son iguales, viaja con sentido. Pregúntate si el alojamiento y experiencia respeta el entorno. Apostar por experiencias conscientes es una forma directa de apoyar un modelo más respetuoso con el medioambiente y con nosotros mismos.
2. Reduce residuos
Regla de oro: si lo traes, te lo llevas. Lleva botella reutilizable, evita productos de un solo uso y no dejes basura, ni siquiera orgánica.
3. Consume local y con cabeza
Cuando compras local reduces transporte, apoyas a la comunidad, comes mejor, etc. Da igual si es un viaje o en tu día a día. El desarrollo sostenible empieza en lo cotidiano, no en los grandes discursos.
4. No molestes al entorno
Esto debería ser obvio, pero no siempre lo es. No arranques plantas, no cojas piedras, no alimentes a los animales, no te salgas de los senderos.
Hay una idea muy extendida de que, si algo es biodegradable, se puede dejar en la naturaleza sin problema. Y no es así. Una cáscara de fruta, una servilleta de papel o restos de comida no pertenecen al ecosistema en el que los abandonamos. Cuando tiramos residuos biodegradables:
- Alteramos el suelo y los procesos naturales de descomposición
- Atraemos animales a zonas donde no deberían alimentarse
- Cambiamos su comportamiento y sus rutas naturales
- Introducimos restos orgánicos que no forman parte de ese entorno
Además, lo “biodegradable” no desaparece mágicamente. Puede tardar semanas o meses en descomponerse, y durante ese tiempo sigue siendo un residuo visible y dañino. La norma es sencilla y honesta: si algo no estaba allí antes de que llegaras, no debería quedarse cuando te vayas.
Salir del sendero puede parecer inofensivo, incluso una forma de “conectar más” con la naturaleza. Pero el impacto es mucho mayor de lo que parece, sobre todo cuando muchas personas hacen lo mismo.Caminar fuera de los senderos:
- Compacta el suelo e impide que las plantas crezcan
- Daña raíces, brotes y microorganismos invisibles
- Provoca erosión y deterioro del paisaje
- Afecta a refugios de pequeños animales
Los senderos no están ahí para limitar la experiencia, sino para concentrar el impacto humano y proteger el resto del entorno. Respetarlos es una forma silenciosa pero muy poderosa de cuidado. Permanecer en ellos no nos aleja de la naturaleza; al contrario, nos permite seguir disfrutándola sin desgastarla.
Sostenibilidad como práctica cotidiana
Así es el lema de Espacio Pachamama, un lugar donde tanto dentro como fuera del roco, en cada una de nuestras aventuras, hacemos hincapié en que la sostenibilidad no es algo que se “demuestra”, sino que es algo que se practica. No va de parecer consciente, sino de vivir con coherencia. De reconocer que formamos parte de la naturaleza, no que estamos por encima de ella. Cuando dejamos de querer controlarlo todo y empezamos a escuchar más, la relación con el entorno se vuelve más honesta, más sencilla y también más profunda.


